De la formación y la pasión

Si me hubieran dado la opción de detenerme a pensar antes de elegir una carrera a los dieciocho años, ¿habría elegido la carrera que elegí o habría estudiado otra totalmente diferente? Es más, ¿habría empezado a estudiar tan pronto? ¿Habría siquiera estudiado?

pasion y formacion

Es una costumbre muy extendida, en países nórdicos y norteamericanos, la de tomarse un año sabático después de graduarse en el instituto, a fin de que el adolescente se permita experiencias más cercanas a las del adulto en que está a punto de convertirse. Viajes ambiciosos, voluntariados y trabajos con el objeto de completar los gastos de ese año, son las actividades que suelen integrar la agenda.

Por contra, hace décadas en España se implantó, por la vía de la costumbre, de la aspiración a algo mejor y del ofrecer a los hijos lo que los padres no pudieron disfrutar, el objetivo de proporcionar a los jóvenes una formación universitaria que les colocara en una posición preferencial a la  hora de optar al mercado laboral. La carrera a determinarse debía comenzarse a la mayor brevedad tras la secundaria y suponía un activo excelente contar con un hijo médico, abogado o ingeniero. Este tipo de carreras eran consideradas de prestigio y relevancia social, así como una garantía para la autosuficiencia a la hora de salir adelante en la vida.

Paralelamente y en comparación, se denostaba el potencial enriquecedor que había sido atribuido desde el clasicismo a las artes y las letras, a la filosofía y las humanidades. Estas disciplinas fueron consideradas inservibles en cuanto a la inserción profesional en que podían derivar y de poco lucimiento cada a la relevancia social del universitario.

El baby boom, la prosperidad naciente al salir de una dictadura, la proliferación de universidades, la paulatina incorporación de la mujer al mercado de trabajo, etc. conformaron un panorama muy concreto. Al contrario que veinte años atrás, se convirtió en algo habitual el tener una carrera media o superior, tal vez un máster, con medio pie en las prácticas que supondrían el primer paso hacia un futuro profesional. Todo ello a los veintitrés años como mucho.

En este escenario se petrificó el sistema formacional y profesional durante unas tres décadas, presentándose como una fórmula de éxito garantizada y codiciada por todos los que recién terminaban lo que entonces eran B.U.P. o C.O.U.

Sin embargo la rueda de la fortuna gira y los escenarios cambian una y otra vez. Las fórmulas no son infalibles, si es que alguna vez lo fueron de verdad. De nuevo la simbiosis entre la formación y la inserción laboral vuelve a reconfigurarse. Los títulos universitarios ya no son un mínimo, sino una opción prescindible y no definen necesariamente nuestro itinerario profesional.

La crisis económica ha aplicado sus persistentes efectos a todos los entornos sociales y profesionales en todos los países. Uno de los efectos más notorias y sangrantes se ha visto en el desempleo.

Sin entrar en los conocidos efectos que acabamos de apuntar, te pregunto, a ti que estás leyendo, ¿conoces a alguien a tu alrededor que en estos últimos años haya cambiado de profesión radicalmente? Estoy segura de que sí.

Ahora bien, si hay una enseñanza que he recabado en este amargo episodio histórico es que no basta con haber hecho lo que se debe. No basta con hacer lo que todo el mundo decía que convenía. No basta con estudiar carrera, máster, prácticas y ya. Esta fórmula se ha superado y lo hemos visto en nuestras carnes.

El concepto de crisis en japonés, tal vez ya lo sepas, significa, además, peligro y oportunidad. En este océano de crisis muchos han visto esa oportunidad y han optado por reconvertir su perfil. ¿Cómo? Tirando de pasión.

Así es, querido lector, la pasión mueve montañas y consigue imposibles. Ponte en situación y recuerda qué es lo último que hiciste con pasión. ¿Acaso no fue un triunfo? Es igual si recibiste halagos o si alguien te vio siquiera. ¿Tienes una pasión oculta? ¿Te gustan las plantas, dibujar, la música, los videojuegos? ¿Y si te dijera que esa pasión podría ayudarte a encontrar trabajo?

Efectivamente, si te has quedado sin trabajo, si lo tienes pero no promocionas, si lo tienes pero no te gusta, es decir, no te apasiona, éste es el momento para plantearte un cambio de rumbo. Y qué mejor que uno hacia algo que te guste y te apasione.  ¿Por qué no hacer lo que siempre quisiste?

Ahora bien. ¿Qué es lo que realmente quieres? Es decir, ¿cuál es tu nuevo objetivo profesional? No te pierdas nuestro próximo post y te ayudaremos a descubrirlo.

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