¿QUIÉN DIJO MIEDO? EL TOP HIT DE LOS MIEDOS AL CAMBIO PROFESIONAL

Como exponíamos en anteriores artículos, podemos replantearnos un nuevo objetivo profesional valiéndonos de un nuevo enfoque sobre nuestra formación, siempre sin dejar de lado que la opinión más importante, la que nos ayudará a acertar con nuestra elección, será la de nuestra propia voz, y no la de los demás. Y bien, llegados a este punto, en el que sabemos hacia qué orientarnos y nos reconocemos en nuestro objetivo, tenemos que admitirlo: da respeto, cuando no vértigo, materializar nuestro proyecto. Pero… ¿es tan grande ese miedo? Vamos a analizarlo.

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Los proyectos más deseados suelen verse enturbiados por el miedo, no el tipo de miedo que ayuda a reaccionar a tiempo y despabilarnos en nuestras destrezas, sino un miedo paralizante, que de poco sirve a quien emprende, y que alimenta los comentarios de quienes no tuvieron éxito por su culpa. Ya en Roma el historiador Tito Livio advirtió sabiamente que “El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son” y es en base a esta ancestral idea sobre la que te pregunto: ¿Qué te da miedo de ese proyecto profesional?

Puede que al principio la respuesta sea “Todo”, y sin embargo, si analizas un poco más en profundidad, verás que la materialización de tus miedos se traduce en una escena muy concreta, una situación que tan sólo con pensarla te atenaza, pero que no va más allá de eso: una situación.

Así pues desvistamos esa circunstancia indeseada, despojémosla de añadidos o detalles, y concretemos tu miedo para más tarde afrontarlo. Sin desmerecer a la singularidad de cada uno de nuestros tormentos más amenazadores, te anuncio que la humanidad acuña el mismo hilo argumental en sus pavores desde tiempos inmemoriales. Ello significa que otras personas los superaron y tú lo harás también.

Tras mucha labor desempeñada en la orientación laboral, así como experiencias propias y cercanas, te presento a continuación el top hit de las ideas que más aterran ante un cambio de objetivo profesional. Con este listado no pretendo abarcar todo el amplio abanico de posibles obstáculos a superar. Sin embargo, si te paras a analizarlos, puede que sea una de estas posibilidades la que actualmente te esté bloqueando para dar el paso.

  1. Cambiar de profesión… Sí, ¿y mientras tanto?

 Seamos serios, no se trata de abandonar tu actual trabajo, perdiendo tu modus vivendi y con ello tu margen de acción. Te animo a que tengas presente una idea que te va a liberar enormemente: una cosa es el medio y otra es el fin. Ello significa que, aunque tu objetivo profesional ya esté definido, habrás de emplear una serie de medios para alcanzarlo. Entre ellos se encuentra el sufragar tus gastos, tanto de manutención como de inversión en la formación y, en definitiva, en un más preparado para tu nuevo puesto.

Es sabio conservar el puesto de trabajo del que deseamos salir hasta que logremos formarnos y/o prepararnos para el nuevo puesto más deseado. Asimismo es muy acertado buscar un trabajo con menores responsabilidades pero al mismo con un horario más adaptable a nuestro programa formativo o de prácticas, o incluso con flexibilidad para hacer entrevistas profesionales. No somos aquello en lo que trabajamos, sino aquello en lo que estamos proyectados, o dicho con más sencillez: no somos lo que hacemos, sino lo que soñamos. Nuestro verdadero objetivo es que el medio, es decir, lo que hacemos, sea tan útil que nos conduzca a nuestro fin, es decir, lo que soñamos.

  1. ¿Y si no me gusta? ¿Y si no se me da bien? ¿Y si no es lo que esperaba?

Te has visualizado una y otra vez, has fantaseado en ese gabinete, en esa empresa, vistiendo el uniforme, con el logo de la empresa, con las condiciones de ese puesto, yendo y viniendo todos los días, imaginándolo hasta el máximo detalle. Ahora que lo ves más de cerca, piensas: ¿y si me equivoco?

Antes de nada has de tener en cuenta que todos los detalles de visualización que has reunido son fruto de experiencias ajenas, de imágenes que te han llegado, publicidad de la propia empresa u otros detalles mediatizados pero que no has podido comprobar con exactitud y en persona. Es posible que si preguntaras a los trabajadores de esa empresa, presa de tu ilusión y deseoso de pertenecer a ese equipo de trabajo, te dijeran “esto no es jauja”, o “no te creas, que aquí no se vive tan bien”. Es posible, en definitiva que idolatremos el puesto, o que incluso el puesto por el que estamos luchando no lo hayamos especificado suficientemente, es decir, que sepamos la empresa en la que queremos trabajar pero no conozcamos a fondo el día a día del puesto de trabajo.

Aún así, te pregunto, ¿no es mejor acceder al puesto y ver si nos adaptamos o él se adapta a nosotros, que seguir creándonos historias ficticias? ¿No te mata la curiosidad por verte en ese puesto y despejar tus dudas de una vez por todas?

  1. ¡Ay! … ¿y el “qué dirán”?

Somos todos muy cosmopolitas y autosuficientes, pero reconozcámoslo: este mal endémico del “qué dirán” sigue royendo nuestra libertad, a mayor o menor nivel. La familia, los amigos, los colegas y ex colegas, los del pueblo, los compañeros del colegio o la universidad,… Son legión el número de personas capaces de emitir una opinión sobre tu carrera profesional, o influir, siquiera con una liviana mueca en tu autoestima. Pasan los años y vamos filtrando esos comentarios y quitándoles hierro, pero aún así, cuando menos lo esperas, ahí está la pregunta de siempre “¿A qué te dedicas? ¿Pero tú no habías estudiado otra cosa? ¡Ah! pues no te hacía yo haciendo eso…” Como una bomba de efecto retardado en nuestra cabeza. El miedo, en este caso, suele versar, no sobre la pregunta, sino sobre qué responder.

Existe una opinión más importante que aquéllas de las que te estoy hablando: la tuya misma. ¿Qué dirías de ti mismo dentro de unos años si al final hubieras decidido no presentarte a esa entrevista, si hubieras decidido no apuntarte a ese curso, a esas prácticas, a ese voluntariado? ¿Qué concepto tendrás de ti si no lo intentas ahora que puedes? Es más, ¿crees que existe alguna respuesta que satisfaga todas las voces del universo y consiga acallarlas para que el “qué dirán” no repercuta en tu plan? ¿No son estas preguntas más interesantes y útiles de responder que la de el “qué dirán”?

  1. ¿Y si no lo consigo?

El miedo al fracaso, junto con el miedo al abandono, figuran entre los principales demonios de nuestro subconsciente más primitivo. No obstante cabría definir en este supuesto qué significaría el verdadero fracaso.

Te propongo un ejercicio simple pero esencial: mira por la ventana de tu estancia. Fíjate en lo que ves, con sus detalles: cómo de lejos alcanza tu vista, hasta qué parte del edificio de enfrente puedes ver, qué parte de la calzada se vislumbra. Ahora da un par de pasos hacia la izquierda o hacia la derecha. La perspectiva cambia ¿verdad? Has dejado de ver una parte del edificio, y sin embargo ahora se ven partes que no habías podido vislumbrar con anterioridad. ¿Ves una nueva ventana? ¿Un nuevo árbol?

La perspectiva cambia siempre que te mueves, aunque te muevas un centímetro de tu posición, habrá nuevas panorámicas, oportunidades y resortes que ni siquiera habías considerado. Desde el momento en que te has movido un centímetro, has materializado un logro, otra opción, otro contacto, un ejemplo diferente, y te has alejado de lo ya conocido. ¿Te imaginas las infinitas posibilidades que se abrirán ante ti si emprendes una acción mayor? Te aseguro que desde tu nueva posición se vislumbrarán tantas cosas nuevas que no recordarás por qué temías al fracaso.

 Éste es un fantástico momento para volver a tomar tu libreta y anotar los miedos con los que te has identificado durante este artículo. Apúntalos con el máximo detalle posible a fin de identificarlos con exactitud. Una vez los tengas bien amordazados, empezaremos a prepararnos, y ésa será nuestra próxima cita.

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